Elecciones de Estados Unidos 2028: cinco nombres que podrían disputar la Casa Blanca
Vance, Rubio, Newsom, Harris y Buttigieg tienen razones para mirar a 2028. Sus decisiones y las elecciones de noviembre aún pueden cambiar la carrera.

La carrera por la Casa Blanca de 2028 se está preparando en una campaña que oficialmente tiene otro objetivo: elegir al Congreso en noviembre de 2026. Los viajes para apoyar a candidatos, las intervenciones públicas y las relaciones que se construyen dentro de cada partido pueden servir después para una candidatura presidencial. Pero ayudar a otros a ganar elecciones no equivale a anunciar que se competirá por la presidencia.
Hay una diferencia decisiva respecto de 2024. La Vigesimosegunda Enmienda de la Constitución impide que una persona sea elegida presidente más de dos veces. Donald Trump ganó en 2016 y en 2024: el marco constitucional vigente le cierra una tercera elección, aunque conserve influencia sobre quién podría sucederlo como candidato republicano.
Con la información disponible al 13 de octubre de 2026, JD Vance, Marco Rubio, Gavin Newsom, Kamala Harris y Pete Buttigieg forman una selección de cinco posibles aspirantes con cargos, trayectoria o declaraciones que justifican seguirlos. No constituyen una lista de candidaturas confirmadas ni un pronóstico de los finalistas. Dos pertenecen al Partido Republicano y tres al Demócrata; las decisiones de algunos podrían cambiar las de los demás.
JD Vance: la ventaja y el coste de ser el vicepresidente

Vance dispone de una plataforma que ninguno de los otros nombres de esta selección tiene: la vicepresidencia. Antes fue senador por Ohio, después de una trayectoria que pasó por los Marines, los estudios de Derecho en Yale y la publicación de Hillbilly Elegy, sus memorias sobre el entorno familiar y social en el que creció. Su discurso político ha girado alrededor de la frontera, la industria estadounidense y las familias trabajadoras.
La cercanía a Trump le ofrece visibilidad y una relación directa con el presidente. También lo vincula al balance de su Gobierno. En una eventual campaña, tendría que explicar qué conservaría de esa administración y qué haría de manera distinta, especialmente si los votantes consideran que la economía o la política exterior necesitan una corrección.
Reuters informó en febrero que Vance esperaba conversar con Trump sobre una posible candidatura después de las elecciones de medio mandato. Sin embargo, en una comparecencia de mayo rechazó que lo describieran como un futuro candidato y subrayó su trabajo como vicepresidente. Es una posibilidad política documentada, no una decisión que pueda darse por tomada.
Marco Rubio: experiencia exterior y una sucesión que sigue abierta

El secretario de Estado tiene otro tipo de escaparate: representa a Estados Unidos ante gobiernos extranjeros y participa en las decisiones diplomáticas de la administración. Antes de llegar al cargo fue senador por Florida y compitió por la nominación republicana en 2016, cuando perdió frente a Trump. Una eventual campaña sería, por tanto, un regreso a una competencia que ya conoce.
Rubio no ha cerrado la puerta a 2028, aunque ha elogiado a Vance como posible candidato. Trump tampoco resolvió la cuestión cuando NBC le preguntó en febrero por los dos: valoró a ambos y evitó elegir. En mayo volvió a plantear que podrían integrar una misma fórmula, pero aclaró que sus palabras no equivalían a un respaldo electoral.
Esa ambigüedad deja abierta una rivalidad o una negociación. La experiencia diplomática podría ser un argumento a favor de Rubio para quienes busquen un candidato acostumbrado a tratar con aliados y adversarios. Al mismo tiempo, su participación en el Gobierno hace difícil separar su futuro político de las decisiones internacionales que hoy defiende. La pregunta sería cuánto espacio existe para una candidatura propia si Vance obtiene el apoyo de Trump.
Gavin Newsom: un gobernador con proyección, pero con una condición

Newsom puede presentar experiencia de gobierno fuera de Washington. Fue alcalde de San Francisco y es gobernador de California, donde ha impulsado políticas sobre derechos reproductivos, seguridad frente a las armas y clima. Ese recorrido le permite disputar una primaria con un historial de decisiones ejecutivas, además de una posición política reconocible.
Su posible salto nacional exige algo más que trasladar el discurso de California al resto del país. Una campaña presidencial tendría que explicar qué medidas de su gestión podrían funcionar en estados con economías, prioridades y electorados diferentes. La experiencia como gobernador sería un argumento para pedir el voto, pero también un expediente que sus adversarios podrían examinar.
Hay, además, una condición que impide tratar su candidatura como inevitable. En una entrevista con Jake Tapper difundida por CNN en septiembre, Newsom dijo que no competiría si Kamala Harris se presentaba. No es un detalle de cortesía: si mantiene esa posición, una decisión de la exvicepresidenta podría apartarlo de la carrera. Incluir a ambos entre los nombres a observar no significa que necesariamente se enfrentarían en las primarias.
Kamala Harris: volver con experiencia y responder por 2024

Harris llegaría a otra campaña con una trayectoria difícil de igualar dentro de su partido: fue fiscal de distrito de San Francisco, fiscal general de California, senadora y vicepresidenta entre 2021 y 2025. También fue la candidata presidencial demócrata derrotada por Trump en 2024. Conoce el Gobierno federal y la exigencia de una elección nacional, pero una nueva candidatura tendría que responder a aquella derrota.
La cuestión no sería únicamente si puede movilizar a quienes ya la apoyaron. Tendría que explicar por qué una segunda oportunidad como nominada produciría un resultado diferente y qué cambiaría en su mensaje, sus prioridades o su relación con los votantes que no consiguió convencer.
Por ahora, su respuesta pública ha sido que no ha decidido. CNN recogió esa posición en septiembre, cuando Harris volvió a Michigan para apoyar al candidato demócrata al Senado Abdul El-Sayed y señaló que las elecciones de medio mandato ocupaban su atención. Esa actividad mantiene su presencia política, pero no permite convertirla en candidata declarada a 2028. Su decisión tendría consecuencias para ella y, por lo que ha dicho Newsom, para otro de los posibles aspirantes.
Pete Buttigieg: convertir la experiencia y los viajes en una coalición

El exsecretario de Transporte y antiguo alcalde de South Bend ofrece una combinación distinta: experiencia municipal, gestión federal y una candidatura presidencial anterior, la de 2020. Su paso por el Departamento de Transporte le permite hablar de infraestructuras y de proyectos concretos, un terreno desde el que puede conectar la política nacional con problemas cotidianos.
Buttigieg ha mostrado interés sin cerrar la decisión. En una entrevista con The Diary of a CEO, recogida en agosto por RealClearPolitics, explicó que se inclinaba más por presentarse que por descartarlo, aunque debía valorar el efecto sobre su vida familiar. Más tarde, durante una visita a Carolina del Sur, insistió ante los periodistas en que estaba centrado en 2026.
Ese viaje, según Associated Press, buscaba retomar el contacto con votantes negros, entre quienes había encontrado dificultades en 2020. Para una nueva candidatura, la cuestión sería convertir sus recorridos en apoyos duraderos y reunir a sectores distintos del electorado demócrata.
¿Podría aparecer un candidato independiente?
Sí, la elección no está reservada a los nominados republicano y demócrata. Pero una candidatura independiente necesitaría más que notoriedad o recursos económicos. La Comisión Federal Electoral recuerda que el acceso a las papeletas depende de las leyes y los procedimientos de cada estado y territorio: no existe una única inscripción federal que garantice aparecer en todo el país.
Eso obliga a convertir una intención en organización y a cumplir requisitos electorales concretos. En esta selección no se incorpora un sexto nombre independiente porque la evidencia revisada no permite atribuir a una figura determinada una candidatura suficientemente definida. El espacio existe; quién podría ocuparlo sigue siendo una pregunta abierta.
El siguiente punto de referencia son las elecciones del 3 de noviembre de 2026. Su resultado no elegirá a los candidatos presidenciales, pero dará a cada partido información sobre dónde está ganando o perdiendo apoyo. Para los republicanos, influirá en la discusión sobre cómo continuar después de Trump. Para los demócratas, ayudará a valorar qué mensaje y qué dirigentes pueden recuperar votantes. Los cinco nombres ya tienen razones para mirar a 2028; todavía deben decidir si darán el paso y demostrar que pueden ganar algo más que atención.