Mao fue un dictador y China es una dictadura, aunque LaLiga se disculpe por las palabras de Mbappé
Un comentario del delantero sobre un meme desencadenó la suspensión de partidos de LaLiga en la televisión estatal china y disculpas del futbolista, la competición y el Real Madrid. El episodio no cambia la documentación sobre la represión de Mao ni el carácter autoritario del sistema político chino actual.

Kylian Mbappé habló de un «dictador chino» al recordar un meme en el que alguien había colocado su rostro sobre el de Mao Zedong. No pronunció el nombre del antiguo dirigente en el fragmento difundido, pero la imagen no dejaba dudas sobre la referencia. La televisión estatal china suspendió las retransmisiones de LaLiga y la publicidad protagonizada por el futbolista. Mbappé pidió disculpas; después lo hicieron LaLiga y el Real Madrid. Lo que comenzó como una respuesta sobre una broma en internet terminó como un conflicto entre el fútbol español y uno de sus grandes mercados.
La controversia, sin embargo, contiene una pregunta que las disculpas no resuelven: ¿es incorrecto llamar dictador a Mao? La respuesta histórica es no. Gobernó China mediante un sistema de partido único, dirigió campañas de represión política y lanzó políticas cuyos efectos causaron millones de muertes. También puso en marcha la Revolución Cultural, durante la cual jóvenes movilizados en nombre de su ideología persiguieron y asesinaron a otros chinos. Que el comentario de un futbolista pudiera resultar ofensivo para parte del público no convierte esos hechos en falsos.
De un meme a un conflicto televisivo
La secuencia comenzó con un video en el que preguntaron a Mbappé por su meme favorito. El delantero aludió a un montaje que lo representaba como un «dictador chino». La comparación circulaba entre aficionados como una burla sobre el poder que, según ellos, ejercería en los equipos donde juega; no era una declaración elaborada del futbolista sobre la historia de China. El contexto permite describir con exactitud lo que dijo sin ocultar a quién mostraba el montaje.
Según la agencia EFE y la radiotelevisión pública española RTVE, el Grupo de Medios de China, responsable de CCTV, suspendió las emisiones de partidos de LaLiga relacionados con el episodio y retiró anuncios con Mbappé. Varias empresas chinas dieron por terminados acuerdos comerciales con el jugador. La federación china de fútbol protestó ante el Real Madrid y reclamó disculpas públicas. El 28 de octubre, el grupo estatal confirmó haber recibido una carta del club, pero no anunció que levantara la suspensión. No hay base, por tanto, para presentar el conflicto audiovisual como resuelto.
Mbappé se disculpó por haber causado dolor y expresó respeto por el pueblo chino y su historia. LaLiga lamentó la ofensa a los aficionados chinos, aclaró que el comentario fue personal y anunció un protocolo de sensibilización y comunicación. El Real Madrid se sumó a las disculpas. Ninguno de esos comunicados demuestra que LaLiga exigiera personalmente al jugador retractarse; atribuirle esa orden sería ir más allá de lo documentado.
Las ejecuciones y la hambruna bajo Mao
Mao dirigió la República Popular China desde su fundación en 1949 hasta su muerte en 1976 y concentró una autoridad decisiva sobre el Partido Comunista y el Estado. La Campaña para Suprimir a los Contrarrevolucionarios, desarrollada entre 1950 y 1953, permite observar cómo se ejerció ese poder. Una investigación publicada en Journal of Chinese History documenta cuotas de ejecución basadas en proporciones de población y cita un registro de 753.275 personas ejecutadas hacia el final de la campaña. Se trata de víctimas de una represión política específica, no de una estimación de todas las muertes ocurridas durante el gobierno de Mao.
La hambruna asociada al Gran Salto Adelante constituye otra tragedia, de naturaleza distinta. El programa impulsó comunas agrícolas, exigencias de producción imposibles y decisiones de extracción de grano que dejaron a comunidades sin alimentos. Los economistas James Kai-Sing Kung y Justin Yifu Lin recogen estimaciones de entre 16,5 y 30 millones de muertes en exceso durante la gran hambruna de finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Ese rango depende del método demográfico empleado. No describe ejecuciones directas ni permite atribuir del mismo modo cada muerte individual, pero revela la escala catastrófica de las decisiones políticas y del sistema que impidió corregirlas a tiempo.
Esas cifras no deben mezclarse como si fueran un único registro. Precisamente al separarlas se entiende mejor la responsabilidad histórica: hubo violencia deliberada contra personas señaladas como enemigas políticas y hubo políticas económicas impuestas desde el poder que desencadenaron una mortalidad masiva. Ambas forman parte del balance del gobierno de Mao.
Una revolución dirigida desde arriba
En 1966, Mao lanzó la Revolución Cultural. Convocó a los jóvenes a combatir a supuestos enemigos ideológicos, mientras los Guardias Rojos atacaban a profesores, intelectuales, funcionarios y vecinos. La investigadora Youqin Wang documentó agresiones contra docentes en las 96 escuelas de su estudio y registró 27 educadores asesinados por alumnos. Esas cifras corresponden a los centros investigados; no son un total para toda China. Muestran, no obstante, que la violencia de los jóvenes movilizados tuvo víctimas concretas y que el fenómeno no se reduce a imágenes de mítines o libros rojos.
Incluso la resolución histórica aprobada por el Partido Comunista chino en 2021 reconoce que Mao «lanzó y dirigió» la Revolución Cultural y que esta causó graves pérdidas y una década de convulsión interna. El documento oficial distribuye responsabilidades entre distintos dirigentes, pero no borra la decisión inicial de Mao ni la gravedad del periodo. Las investigaciones independientes han reconstruido además persecuciones y muertes que la propaganda de la época silenció.
La China actual y los límites del debate
La China de hoy no es la de los años sesenta: su economía, su sociedad y su lugar en el mundo han cambiado profundamente. Su sistema político, sin embargo, sigue sin ofrecer elecciones nacionales competitivas para escoger al gobierno. International IDEA señala que el país no celebra elecciones nacionales y le asigna una puntuación de cero en representación. Freedom House lo clasifica entre los países «no libres». Llamar dictadura al régimen actual es una caracterización política sustentada en la concentración del poder del Partido Comunista, la falta de alternancia electoral y las restricciones a las libertades civiles; no es una frase que Mbappé haya pronunciado en el video.
Es legítimo que un club cuide su relación con sus aficionados chinos y que un jugador lamente una ofensa involuntaria. También es legítimo preguntar por qué un comentario informal provocó la retirada de retransmisiones y acuerdos comerciales. En China, según constató EFE, muchos usuarios ni siquiera podían encontrar con facilidad el fragmento que desencadenó las disculpas: los medios oficiales evitaban reproducir la palabra «dictador» y las referencias sensibles circulaban con restricciones.
LaLiga y el Real Madrid pueden decidir cómo responder a una crisis comercial. La historia requiere otro criterio. Mao fue un dictador responsable de campañas represivas y de decisiones que contribuyeron a una de las mayores hambrunas del siglo XX. La China actual mantiene un sistema autoritario de partido único. Nombrar esos hechos con precisión no equivale a faltar al respeto a los ciudadanos chinos; permite reconocer también a las víctimas chinas que durante décadas no pudieron hablar libremente de lo ocurrido.