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Nobel de Economía 2026: Hall y Woodford, los investigadores que explican cómo amortiguar las crisis

Los dos economistas estadounidenses reciben el premio por estudiar cómo las decisiones de hogares y empresas ayudan a diseñar políticas contra la inflación y las recesiones.

Royal Swedish Academy of Sciences announce U.S. economists Robert E Hall and Michael Woodford as the winners of the 2026 © Photo: Patrik Lundin

Robert E. Hall y Michael Woodford ganaron este lunes 12 de octubre el Nobel de Economía 2026 por investigaciones que cambiaron la manera de comprender y afrontar las crisis. La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció a los profesores de Stanford y Columbia por desarrollar los fundamentos de modelos que utilizan gobiernos y bancos centrales para decidir cuándo estimular la actividad y cuándo frenarla.

El galardón, anunciado en Estocolmo, está dotado con 12 millones de coronas suecas, que se repartirán por igual. La formulación oficial distingue sus aportes a los «fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica». Detrás de esa expresión técnica hay una pregunta cercana: ¿cómo evitar que una subida de precios o una caída del consumo termine provocando una crisis más profunda?

Por qué les concedieron el Nobel

Hall y Woodford ayudaron a construir una explicación de la economía que parte de las decisiones de personas y empresas. Para entender cuánto consume un país, importa cómo cada familia decide gastar o ahorrar. Para comprender la inflación, hay que estudiar cómo las empresas fijan sus precios. Esas decisiones, además, miran al futuro: dependen de lo que se espera ganar, pagar o vender más adelante.

La Academia destaca que sus investigaciones permitieron reconstruir las políticas de estabilización después de las dificultades de los años setenta. Las crisis petroleras habían dejado en evidencia modelos que no explicaban bien la combinación de inflación elevada, desempleo y crecimiento débil. Las relaciones observadas en el pasado no bastaban para decidir qué hacer en una situación nueva.

Sus aportaciones ofrecen herramientas para evaluar las consecuencias de una intervención. Estimular una economía deprimida puede ayudar a recuperar actividad; hacerlo cuando ya existen fuertes presiones sobre los precios puede agravar la inflación. El mérito reconocido es haber dado una base más sólida para estudiar esas respuestas, incorporando el comportamiento de quienes reciben los estímulos y de quienes venden bienes y servicios.

Robert Hall: el consumo también depende de lo que esperamos

Hall nació en Palo Alto, California, en 1943. Se graduó en la Universidad de California en Berkeley y obtuvo su doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, en 1967. Enseñó en ambas instituciones antes de incorporarse a Stanford en 1978, donde figura como profesor emérito de Economía.

Su trayectoria abarca el empleo, la inflación, la tecnología y la competencia. Presidió la Asociación Económica Estadounidense en 2010 y dirigió entre 1978 y 2013 el programa de fluctuaciones económicas y crecimiento del National Bureau of Economic Research. Ha asesorado a organismos como el Tesoro estadounidense y la Reserva Federal. Su trabajo conecta la investigación académica con preguntas concretas de política económica.

Una aportación decisiva apareció en un artículo de 1978 sobre el consumo. Hall mostró que, bajo determinados supuestos, las variaciones del gasto no pueden anticiparse simplemente mirando los ingresos pasados. Si las familias ya utilizan la información disponible para organizar sus compras y su ahorro, un cambio en ese plan depende de información nueva. El estudio contrastó esa idea con datos de Estados Unidos y encontró apoyo para una versión modificada de la teoría.

La lógica puede verse en una familia que sabe que recibirá un ingreso adicional dentro de unos meses: esa expectativa puede influir en sus decisiones antes de que llegue el dinero. Una noticia inesperada sobre su empleo, en cambio, puede obligarla a revisar el plan. El presente cuenta, pero también la perspectiva de los ingresos futuros.

Esto no supone que todas las familias puedan comportarse igual. Quienes carecen de ahorro o no pueden endeudarse tienen menos margen para repartir su consumo en el tiempo. Esa diferencia ayuda a entender por qué una medida que aumenta los ingresos puede producir respuestas distintas entre hogares.

Michael Woodford: los tipos de interés y la credibilidad importan

Woodford nació en Chicopee, Massachusetts, en 1955 y obtuvo su doctorado en Economía en el MIT en 1983. Su formación incluye estudios en la Universidad de Chicago y un título de Derecho en Yale. Es profesor de Economía Política de la cátedra John Bates Clark en Columbia, Nueva York.

Antes del Nobel había recibido, entre otras distinciones, el premio Deutsche Bank de Economía Financiera en 2007, el Banque de France/TSE de Economía Monetaria en 2018 y el Erwin Plein Nemmers de Economía en 2024. Su investigación reciente también estudia cómo las limitaciones del razonamiento y de la representación mental afectan a las decisiones económicas.

Su libro Interest and Prices: Foundations of a Theory of Monetary Policy, publicado en 2003, sistematizó un marco para estudiar la política monetaria. Analiza cómo las reglas sobre tipos de interés pueden contribuir a estabilizar la economía y los precios, y qué se gana cuando las autoridades mantienen compromisos creíbles en lugar de decidir cada intervención de manera aislada.

En ese marco, los precios y salarios no se ajustan instantáneamente. Si baja la demanda y una empresa mantiene sus precios, puede vender menos y reducir su producción. La política monetaria puede afectar así a la actividad real, además de influir en la inflación. El modelo permite examinar qué respuesta sería adecuada y qué objetivos pueden entrar en tensión.

La comunicación también forma parte de la política. Las decisiones de hoy están condicionadas por los tipos de interés y la inflación que se esperan para mañana. Explicar de forma coherente qué hará un banco central ayuda a orientar esas expectativas; prometer algo que después resulta poco creíble limita esa capacidad. Para una familia o una empresa, no solo importa el coste actual de financiarse, sino el que prevé afrontar durante los próximos años.

Un premio creado en 1968, que se entrega en Estocolmo

El llamado Nobel de Economía tiene una historia distinta de los cinco premios originales establecidos por Alfred Nobel. Su nombre oficial es Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. El banco central sueco lo creó en 1968, con motivo de su tercer centenario, y se concedió por primera vez en 1969 a Ragnar Frisch y Jan Tinbergen.

La elección de los premiados corresponde a la Real Academia Sueca de Ciencias. El anuncio se realiza en octubre y la entrega se celebra en Estocolmo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nobel. Economía comparte la ceremonia sueca con Física, Química, Medicina y Literatura; el Nobel de la Paz se entrega en Oslo. Los premios originales comenzaron a concederse en 1901.

El reconocimiento de este año distingue una manera de estudiar las crisis, con resultados que sirven de apoyo a decisiones que afectan a millones de personas. No convierte los modelos en una garantía contra la recesión ni determina una misma receta para todos los países. Su utilidad está en comprender mejor las respuestas de hogares y empresas antes de decidir cuánto acelerar o frenar la economía.