La COP17 acuerda acelerar la protección de la naturaleza, pero deja pendiente la financiación
La cumbre de biodiversidad en Armenia aprobó el Camino de Ereván tras constatar que el mundo se aleja de las metas de 2030. Los países aplazaron decisiones clave sobre el mecanismo financiero.

La cumbre de biodiversidad de la ONU terminó este sábado en Ereván, Armenia, con una hoja de ruta para acelerar la protección de la naturaleza antes de 2030. El acuerdo, bautizado como «Camino de Ereván», responde a una constatación incómoda: la primera evaluación mundial de los compromisos adoptados hace cuatro años concluye que el ritmo actual no basta para cumplir las 23 metas pactadas. Los gobiernos aprobaron decisiones sobre seguimiento, cooperación científica y participación de comunidades indígenas, pero dejaron para una próxima negociación cuestiones decisivas sobre el financiamiento.
La COP17 se prolongó hasta la madrugada del 31 de octubre. Su resultado no sustituye el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, aprobado en 2022, sino que busca hacerlo operativo durante los cuatro años que quedan hasta la fecha límite. El marco incluye la protección de al menos el 30 % de las tierras y los mares, la restauración de ecosistemas y la reducción de presiones que destruyen hábitats y especies. La prueba para los países será trasladar esas promesas a presupuestos, leyes y decisiones económicas comprobables.
Una revisión que obliga a acelerar
La Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica informó que la evaluación colectiva encuentra al mundo fuera de la trayectoria necesaria para alcanzar las 23 metas de 2030. La revisión no equivale a decir que todos los países hayan avanzado igual: identifica una distancia entre la suma de las medidas nacionales y el resultado global prometido. La respuesta negociada en Ereván pide reforzar los planes nacionales, medir mejor sus resultados y dar más apoyo financiero, técnico y científico a los países en desarrollo.
El problema no se limita a crear nuevas áreas protegidas. También afecta la forma en que los gobiernos financian actividades que degradan ecosistemas, distribuyen recursos para conservarlos y evalúan el impacto de sus políticas. Por eso el «Camino de Ereván» coloca entre sus prioridades la reforma de incentivos perjudiciales para la naturaleza y la incorporación de la biodiversidad a las decisiones presupuestarias. La Secretaría señaló que la conferencia adoptó cerca de 50 decisiones sobre asuntos que abarcan desde bosques y especies invasoras hasta biodiversidad marina y gestión de fauna silvestre.
La meta 18 del marco mundial plantea reducir los incentivos dañinos para la biodiversidad en al menos 500.000 millones de dólares anuales para 2030. Sin embargo, la formulación aprobada en la COP17 anima a acelerar esa reforma sin fijar acciones concretas para sectores como la agricultura, según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, que siguió la negociación. La distancia entre reconocer el problema y cambiar subsidios específicos muestra una de las dificultades políticas de la cumbre: retirar apoyos existentes afecta intereses económicos y requiere decisiones nacionales que el acuerdo internacional no puede ejecutar por sí solo.
Fuera del texto negociado, la presidencia armenia impulsó iniciativas voluntarias para promover incentivos favorables a la naturaleza. Entre ellas figura una coalición gubernamental para trabajar en la meta 18, copresidida por Colombia y Finlandia. Esa cooperación puede facilitar el intercambio de experiencias, pero no debe confundirse con una obligación general de reformar inmediatamente todos los subsidios perjudiciales.
El dinero sigue siendo la disputa central
Los países volvieron a discrepar sobre quién debe aportar fondos para proteger ecosistemas, cuánto debe aportar y mediante qué instituciones. Los gobiernos de países en desarrollo defendieron las responsabilidades previstas en el convenio y la necesidad de recursos previsibles; varias economías desarrolladas plantearon ampliar la base de posibles contribuyentes. El acuerdo final establece criterios para el mecanismo financiero futuro y deja para la COP18 la definición de su estructura institucional después de 2030. También prevé seguir examinando los instrumentos disponibles y las barreras que dificultan el acceso a los fondos.
La meta financiera del marco de Kunming-Montreal es movilizar al menos 200.000 millones de dólares al año de todas las fuentes para 2030. Llegar a esa cantidad es distinto de anunciar nuevas iniciativas en una conferencia. La Secretaría del Convenio contabilizó durante la COP17 anuncios por casi 2.000 millones de dólares para biodiversidad, entre ellos 560 millones asociados a la reposición del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y al Fondo del Marco Mundial de Biodiversidad. También mencionó iniciativas de recuperación de especies y movilización de capital privado. Son compromisos y anuncios de naturaleza diversa; la cifra no demuestra por sí sola que el dinero haya sido desembolsado ni que la brecha de financiación esté cerrada.
Esa distinción será determinante cuando los países informen sobre la ejecución de sus planes. Un fondo anunciado puede tardar en llegar a un territorio, y su efecto depende de la forma en que se distribuye y de los resultados medibles que consiga. La conservación de bosques, costas y especies exige continuidad durante años, mientras que la evaluación de 2026 advierte que el tiempo disponible hasta 2030 se ha reducido.
Participación indígena y próxima cita en Ecuador
Otro acuerdo de la COP17 fija las reglas de funcionamiento de un órgano permanente dedicado al artículo 8(j) del convenio, relativo a los conocimientos y la participación de pueblos indígenas y comunidades locales. La decisión, denominada «Directrices de Sevan», busca darles un papel más sólido en la política internacional de biodiversidad. Para que ese avance tenga efecto, deberá reflejarse en la manera en que se toman las decisiones y se apoya a las comunidades que cuidan los territorios.
Los delegados tampoco resolvieron todos los vínculos entre la agenda de biodiversidad y otros acuerdos ambientales. La decisión sobre ciertas formas de cooperación con las convenciones climática y de lucha contra la desertificación quedó aplazada, de acuerdo con el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible. La siguiente conferencia, COP18, se celebrará en 2028 en Quito, Ecuador. Entonces faltarán solo dos años para evaluar si el «Camino de Ereván» cambió la trayectoria que hoy mantiene al mundo lejos de sus objetivos de naturaleza.