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Israel vota tras tres años de guerra: Netanyahu y Eisenkot se disputan la próxima Knéset

Más de 7,3 millones de electores están convocados. Los sondeos previos apuntan a una competencia estrecha, pero aún no hay resultados oficiales ni una coalición ganadora.

Papeletas electorales en un centro de votación israelí de Ramat Gan en 2019.
Papeletas en un centro de votación de Ramat Gan, Israel, durante las elecciones de 2019. Archivo. © Rakoon / Wikimedia Commons

Israel vota este martes 27 de octubre para renovar los 120 escaños de la Knéset en su primera elección nacional desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y las guerras que siguieron. Más de 7,3 millones de personas están habilitadas para acudir a las urnas. La disputa enfrenta al bloque que sostiene al primer ministro Benjamin Netanyahu con una oposición donde destaca el exjefe militar Gadi Eisenkot. Al corte de esta edición, a las 15:00 en Israel, los centros de votación seguían abiertos: aún no había resultados oficiales que permitieran declarar vencedor a ningún partido o coalición.

Los israelíes no eligen al primer ministro en una papeleta separada. Votan listas de partidos, que reciben escaños en proporción a sus votos si superan el umbral electoral. Después llega la negociación para formar una mayoría de al menos 61 diputados. Por eso, incluso una primera posición en el recuento podría ser insuficiente para gobernar. En las encuestas publicadas antes de la jornada, ninguno de los principales bloques tenía garantizada esa mayoría, según la prensa israelí y un análisis del Parlamento Europeo. Son sondeos previos, no votos contados.

La elección después de tres años de guerra

El voto llega tras un período que transformó la seguridad y la política del país. El ataque encabezado por Hamás en el sur de Israel en octubre de 2023 desencadenó la guerra en Gaza y una serie de enfrentamientos regionales. El costo humano, la suerte de los rehenes, las operaciones militares y las relaciones de Israel con otros países forman parte del juicio político que los electores hacen sobre el gobierno. También pesan cuestiones internas: el servicio militar, el papel de los partidos religiosos y la confianza en las instituciones después de años de polarización.

Netanyahu lidera el Likud y una coalición de derecha y partidos religiosos. Eisenkot encabeza Yashar, una fuerza centrista surgida en esta etapa política. La oposición, sin embargo, no concurre en una sola lista: incluye a dirigentes como Naftali Bennett, Yair Lapid, Avigdor Liberman y Yair Golan, con proyectos y bases electorales diferentes. Que varios partidos compartan el objetivo de sustituir al primer ministro no garantiza que acepten el mismo programa de gobierno ni que resuelvan fácilmente quién lo presidiría.

El Parlamento Europeo ha señalado que numerosas listas compiten por superar el umbral del 3,25% de los votos. La suerte de partidos pequeños puede modificar de manera notable el reparto de escaños y la aritmética de coaliciones. Una fuerza que quede apenas por debajo no obtiene representación, y sus votos no se convierten en diputados propios. Por eso, el reparto final de escaños puede pesar más en la formación de gobierno que la distancia de votos entre Likud y Yashar.

Las formaciones que representan a ciudadanos árabes israelíes añaden otra variable. La participación de sus votantes y el número de escaños obtenidos podrían influir en la posibilidad de una alternativa a Netanyahu. Ese efecto no implica necesariamente que entren en un gabinete: también podrían decidir apoyar una investidura desde fuera o abstenerse. Los dirigentes de los grandes partidos han expresado reservas sobre algunas de esas alianzas, por lo que cualquier escenario de gobierno dependerá de decisiones posteriores al escrutinio.

Lo que puede saberse esta noche

La mayoría de los colegios abrió a las siete de la mañana y está previsto que cierre a las diez de la noche, hora israelí. La Comisión Electoral Central informó de una participación superior al 31% hasta el mediodía. Esa cifra mide afluencia a las urnas, no apoyo a un partido. La votación se realiza con papeletas de partido introducidas en un sobre. Al cerrar los centros, las cadenas de televisión publicarán encuestas a pie de urna. Esas estimaciones pueden orientar sobre el equilibrio de fuerzas, pero no son resultados oficiales y podrían variar cuando se conozcan los votos escrutados.

La Comisión Electoral Central es la responsable de organizar la votación y publicar los datos oficiales. Los resultados completos pueden demorar varios días. Incluso cuando se conozca la composición de la Knéset, la identidad del próximo jefe de gobierno podría seguir abierta. El presidente Isaac Herzog consultará con los partidos y encargará a quien considere con mejores posibilidades la formación de una coalición. El candidato designado tendrá que negociar apoyos suficientes y superar la votación parlamentaria correspondiente.

Ese proceso permite que un partido relativamente pequeño se vuelva decisivo. Puede aportar los escaños que falten para alcanzar 61 y exigir compromisos programáticos o puestos ministeriales. También puede fracasar: si nadie reúne una mayoría, se abrirían nuevas negociaciones e incluso la posibilidad de volver a las urnas. Las encuestas anteriores al voto apuntaban a una competencia estrecha, pero no determinan cuál de esos caminos se materializará.

Una jornada cuyo resultado aún no existe

Las campañas suelen presentar el voto como una elección entre continuidad y cambio. Sin embargo, el veredicto institucional será más complejo que una sola cifra de televisión. Habrá que observar la participación, qué listas superan el umbral, cuántos escaños suma cada bloque y qué acuerdos están dispuestos a alcanzar sus dirigentes. Una ventaja en votos para una fuerza no se traduce automáticamente en la jefatura del gobierno.

El interés internacional es alto porque la próxima coalición tendrá que tomar decisiones sobre Gaza, la seguridad regional y las relaciones con Estados Unidos y Europa. Esas consecuencias no deben confundirse con promesas de campaña ni con proyecciones de los encuestadores. A las 15:00 del martes en Israel, los centros continuaban abiertos. El primer balance llegaría después del cierre de las urnas, y formar un gobierno requeriría todavía una negociación parlamentaria.